El sol apenas había trepado por encima de las montañas cuando Diego Visión apareció en el escenario con su guitarra y su voz de madrugada. Fue como un desayuno emocional: versos afilados, distorsión suave y una atmósfera de introspección colectiva. Algunos aún estaban en modo zombi, pero “La ciudad que nunca duerme” despertó hasta a los que dormían en tiendas de campaña con tapones en los oídos. Diego no solo cantó: nos acarició el alma con púas de acero. Ademas de la colaboración de Txus vocal de los del humo que se sumo a la fiesta sonora. [ crónica ]








































