Las baladas folk, como “Oro irlandés”, son la banda sonora de los primeros amores fallidos; aquellos que te averiaron el corazón con la dulce tristeza de una estocada. Esta canción es deudora de la nostalgia del verano del setenta y tres, el año en que el deseo venció al peligro. Es el recuerdo de un amor de juventud que perdura en la memoria, aunque luego se haya tenido la suerte de volver a vivir el amor muchos años después.










































