Mientras media industria sigue obsesionada con sonar moderna y parecer interesante, cuatro chavales de pueblo han llegado con guitarras, birras y descaro para reventar tres Rivieras seguidas. Sanguijuelas del Guadiana no son el futuro de nada: son el presente de una música que vuelve a oler a sudor, fiesta y verdad. [ crónica ]









































