Can Zam abre sus brazos un año más y, junto a un sol que te maltrata a zarpazos, el rock se abre paso, como no podía ser de otra forma el arranca Rock Fest. Nada puede con la buena salud de este festival. Solo hay que mirar el entorno que, durante tres días, se transforma en un enorme pub hormonado donde los amantes del género se dan cita puntalmente, incluso habiendo atrayentes alternativas que se disputan el calendario. Barcelona sigue siendo una opción potente y, yo diría, que envidiable. [ crónica ]










































