Un concierto siempre es una gran celebración, pero si en el toca Eskorzo, lo que venimos a celebrar, es que estamos vivos. Eskorzo eligió Madrid, para decir hasta luego, para escribir una página más, en su magnífico libro repleto de alegrías. El decorado de esa página, el idílico teatro de la Joy Eslava, un bastión para los sentidos, por lo precioso para los ojos y enriquecedora acústica para el alma. Lo menos idílico fue el día elegido (domingo) pero a Eskorzo a estas alturas de película se le perdona todo. [ crónica ]









































