COLABORACIONES
 Crónica
 
Siniestro Total
  07/05/2022     
  Luis Miguel del Campo     
  Luis Miguel del Campo
  WiZink Center, Madrid, Madrid
www.insonoro.com

Hay dos síntomas muy claros por los que un hombre se da cuenta, cuando se presentan,  de que se está haciendo viejo. El primero ocurre cuando descubre que, estando de pie, no puede llegar a tocar las punteras de sus zapatos con sus manos sin flexionar las rodillas. El segundo, cuando un buen día anuncian que su grupo de rock favorito, que toca a toda hostia, se retira. Y en el Palacio de los Deportes de Madrid. ¡Lo nunca visto!   

Una vez asumido que no era otra broma más de Siniestro Total quedaba el consuelo y el gran aliciente de que, delante del forillo con el dibujo del Renault 12 en el estado en que quedó tras el accidente, que daría nombre al grupo, también iba a estar Miguel Costas. Además, para sorpresa y satisfacción de la parroquia, resultó que lo hizo desde el primer tema, “Tan hermoso” (incluido en “Made in Japan”, primer disco que les produjo Joe Hardy en Texas y el último que grabó Costas antes de abandonar Siniestro Total).

Y Miguel Costas permanecería allí arriba hasta el final del concierto, siendo el cantante de los temas que compuso en solitario para el grupo -ausentes en los repertorios de Siniestro Total desde que él abandonara la banda (“Mario encima del armario”, Nocilla, qué merendilla”, “Tipi, dulce tipi”, “Assumpta”, “Yo dije yeah”, “Pueblos del mundo: ¡extinguíos!”…)- y para cantar a dos voces con Julián Hernádez los compuestos por éste o entre los dos, con ese juego de voces que caracterizó sus primeros trabajos, cuando eran más gamberros que músicos, más provocadores que punkis, más hilarantes que corrosivos, más desenfrenados que reflexivos… En esos años en que Madrid se entregaba mayoritariamente a una movida nihilista que demasiado a menudo se complacía mirándose el ombligo mientras un planteamiento musical y unos mensajes más  incisivos, rompedores, iconoclastas y atractivos llegaban desde Galicia.

  
Siniestro Total
 

Y es que, a principios de los años ochenta, la ciudad de Vigo estaba que ardía. (Me refiero musicalmente, aunque entonces ya había empezado la reconversión del sector naval…) Andaban por allí Los Buzos, Aerolíneas Federales, Golpes Bajos, Semen Up, Moncho e mailos Sapoconchos, Bromea O Qué?… Que no, que no, que Iván Ferreiro todavía no había dado señales de vida musical por entonces, ¡concho!

Siempre fui seguidor acérrimo de Siniestro Total; mi primo Paco, sin embargo, era  más de Os Resentidos. Solía escucharlos cantar eso de “vosotros, dentistas, sois los terroristas” mientras componía sus poemas. Y ésa debió de ser la excusa moral que andaba buscando su representante (ahora lo llaman mánayer) para darle el palo. Aunque esa gente poca justificación necesita, ya que a ese tipo de actos las alimañas los denominan “hacer negocios”. Y, por esta razón, hay quienes luego se lo perdonan todo. Algunos hasta los aplauden.

El sábado 7 de mayo, al ser el segundo y último concierto de despedida, una gran parte del público ya sabía muchas cosas; como que, cuando Julián anunciara que llegaba la parte acústica del espectáculo no iba a suceder tal cosa sino que, instantes después, destrozaría la guitarra clásica estampándola contra el suelo, emulando a Paul Simonon en la portada de London Calling o a él mismo con la gaita en la del sencillo (doble cara B) de “Me pica un huevo/Sexo chungo”. También sabían de antemano que durante las dos horas y media que duraría el último concierto de Siniestro Total se iban a suceder sus canciones más famosas, los chascarrillos de Julián, el “esas palmas, coño” de Costas, las incorporaciones de antiguos miembros y los homenajes.

Recordarían a Germán Coppini con “Ponte en mi lugar”, la primera canción de Siniestro Total que se escuchó en la radio gracias a Jesús Ordovás, quien la pinchó una noche de 1982 en Esto no es Hawai. Germán -a medias con Torrado- la había compuesto para el grupo, del que sería el cantante hasta que empezó a coleccionar moscas.

En cuanto a las colaboraciones de antiguos miembros, fue Segundo Grandío el primero en salir a tocar con ellos en “Chusma”. Alberto Lorenzo Torrado lo haría mucho después, casi al final, solo para cantar “Tumbado a la bartola”, canción compuesta únicamente por él y que se publicó en el álbum “De hoy no pasa” (1987). Ángel González no estuvo, pues desgraciadamente no puede tocar la batería. En su lugar, llevaba haciéndolo Andrés Cunha desde 2018.

  
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Javier Soto cantaría Emilio Cao (versión de un tema de los Kinks) y Óscar Avendaño, “Sobre ti” (Undertones); como venía siendo habitual a lo largo de conciertos y conciertos, años y años. En esta ocasión, Julián pediría silencio y discreción a la gran cantidad conciudadanos gallegos que habían acudido a la despedida cuando habló de los barrios de Vigo de los que era cada uno de ellos dos. “Cultura Popular”, en la que Jorge Beltrán se siente especialmente motivado para tocar el saxo, es otra de las habituales. De hecho, también les sirvió en 1997 para dar título a un espectáculo con versiones de clásicos de la música popular estatal del siglo XX.

No ofrecieron versiones descacharrantes como “No me lavo en la vida (Iron Butterfly) o “Corta o pelo, Landrú” (Cream), que son dos de las que más escandalizaron en su día a los puretas del rock. Tampoco atacaron ningún corte de “La historia del blues”. Álbum de 2000 que me sigue pareciendo una de sus mejores obras aunque no alcanzara la repercusión que merecía la invención de Jack Griffin, las letras, los estilos que aborda… No hubiera estado nada mal volver a escuchar a Julián cantando aquello de “viviré en vuestros coños como debajo de mi seta”, “hace falta valor para salir del confesionario” o que “Dios tiene un plan”.

A lo largo de su trayectoria, Siniestro Total no se ha censurado en ningún momento, y sus letras han permanecido intactas hasta el último día sin temor a  represalias o castigo por parte de las autoridades civiles, políticas, militares, económicas o yihadistas. En su despedida pudimos escuchar “Matar jipis en las Cíes”, “La sociedad es la culpable”, “Bailaré sobre tu tumba”, “Fuimos un grupo vigués”, “La paz mundial”, “Todos los ahorcados mueren empalmados”, “Ayatola”, “Cuánta puta y yo qué viejo” (cuyo título puede despistar sobre su temática a los no iniciados en el universo de Siniestro Total). Como debió de despistar oír “Chico de ayer” (incluida en “El mundo da vueltas”, su último álbum, un vinilo de 2016) a los que no los hayan seguido durante los últimos años. ¿Una mofa de la movida madrileña o solo un ajuste de cuentas a los sandios que pueblan el mundo?

  
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Mi generación aprendió caligrafía con los cuadernillos Rubio y tuvo que ir soltando el lastre de lo que le fue inculcado cuando todavía la letra entraba con sangre, al final de los cuarenta años de dictadura franquista, pero ha tenido el estímulo de la música y las letras de Siniestro Total desde que empezaron. Estos gallegos han radiografiado el mundo que nos ha tocado vivir, y nuestra sociedad, durante sus cuarenta años de existencia. Las próximas generaciones podrán saber perfectamente cómo era el Estado español desde finales del siglo XX a principios del XXI con solo escuchar la discografía completa de Siniestro Total: el cambio social (“La revista”, “España se droga”), las crisis económicas (“Superávit”, “Amarrado al duro banco”), la monarquía (“Tener un talismán”, “Joder, Cristina”), los movimientos culturales y cívicos (“Naturaleza”, “Alégrame el día”), los banqueros y el mundo financiero (“Por favor, respeten nuestro dolor”, “El Mercado fluctúa”), el actual auge de la extrema derecha (“El regreso del hijo del zombi Paco”)… Son episodios nacionales con música, que deberían incluirse en un nuevo plan educativo, de consenso. Ser parte de un nuevo catecismo cívico, con letras divertidas pero nada intranscendentes y cargadas de sarcasmo, retranca e infinidad de referencias culturales, no solo musicales.

En la parte final, llegó un momento en que a un himno le sucedía otro aún más aclamado. Con “Miña terra galega” (composición original de Lynyrd Skynyrd en la que Siniestro Total, a golpe de acorde sureño y pirueta de letra original transformada en “un canto a Galicia, hey”, convierten en gallegos de corazón a todos los asistentes a sus conciertos) comenzaría esta concatenación de canciones que acabaría con tres preguntas: “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?”.           

A la primera contestarían con una última versión, que ellos titulan “Somos Siniestro Total”, para poner el punto final.

  
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De dónde vienen lo sabemos todos. O casi todos. A pesar de que cambiaran el himno habitual  de la despedida tras cantar quiénes son. ¿Con el fin de que resultara apto para todos los públicos del Telediario? ¿Porque tocaban en el WiZink Center?

¿A dónde van?

Hay quien afirma que la despedida puede ser falsa. Tan solo una broma. Otra más.                         Personalmente no lo creo así. En primer lugar, la teoría de una despedida definitiva la sostiene la presencia de Miguel Costas en estos dos conciertos.                               

Además, siempre ha sido un grupo que ha abordado los asuntos con humor y desenfado  pero con seriedad cuando la situación lo requería. Ya demostraron su integridad, por ejemplo, cuando renunciaron al premio concedido a “Quen me dera na casiña” como mejor canción en gallego del año 2010, justificando que no se lo merecían porque eran contadas sus composiciones en esa lengua. Este ejemplo da idea de la honradez, del sentido de la justicia y de la ecuanimidad del grupo; porque, aunque el liderazgo lo asumiera Julián Hernández, las decisiones siempre se debatieron entre todos. Y el ejemplo anterior sirve perfectamente también para comprender por qué no han pisado la Audiencia Nacional en sus cuarenta años de existencia musical, como rezaba el anuncio de su último concierto.  

Me puedo equivocar pero… Llegados a este punto, mejor me callo. Yo me callo; me callo antes de que cante el gallo.

  
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