Empezábamos el mes de noviembre, musicalmente hablando, viendo el concierto de una banda crucial para entender la escena estatal en las últimas décadas, como son los navarros Lendakaris Muertos, quienes, tras estar en activo desde el año de su fundación, en el 2004, han decido hacer un parón indefinido a finales de este año, aunque no descartamos que en unos años retomen la actividad, como ya hicieron cuando también cesaron la misma del 2013 al 2015. El evento iba a tener lugar en el Escenario Santander, a donde regresaba tres semanas después de mi anterior vista, y es que cualquier excusa es buena para ver a este cuarteto, que tantos buenos ratos no ha hecho pasar a lo largo de los años y a los que había visto por última vez hace 3 años en Torrelavega. Para quien pueda estar despistado, la banda está integrada por Aitor Ibarretxe, voz, Asier Aguirre, guitarra y coros, Jokin Garaikoetxea, bajo y coros, y Potxeta Ardanza, batería, y tienen editado la maqueta, de 2004, “Lendakaris Muertos”, y los discos “Lendakaris Muertos”, del 2005, “Se habla español”, del 2006, “Vine, vi y me vendí”, del 2008, el directo “Directo a los güevos”, del 2009, “Crucificados por el antisistema”, del 2012, “Cicatriz en la matrix”, del 2016, “Podrán cortar la droga pero no la primavera”, del 2017,“Miedo a un planeta plano (Vol.1)”, del 2020, y “Mucho asco (casi) todo”, del 2024, por no mencionar “Spainkiller”, aquel trabajo que iba a ser publicado a principios del 2020 y que la pandemia impidió, aunque subieron algunas canciones a las redes sociales. Hubo un poco de lio sobre si había o no grupo invitado, que al final fue que no, y sobre el horario, pero nada que impidiese que hubiese una buena entrada en el local santanderino, aunque no se llenó, accediendo al recinto con tiempo y así poder charlar con algunos de los presentes. |
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Con la música de Eskorbuto de fondo, se apagaron las luces y comenzó a sonar el himno de la URSS, mientras iban saliendo los miembros de la banda, para lanzarse a tocar “Cerveza sin alcohol”, de su primer disco, un tema que fue tocado a toda velocidad y que contó con ese parón, siendo muy celebrado, para continuar con “Estamos en esto por las drogas”, de su cuarto plástico de estudio, una pieza muy guitarrera y aclamada, con Aitor acercándose ya a las primeras filas. Turno para recordar su segundo trabajo en el que estaba “El último txakurra”, un tema que tuvo un inicio muy rápido y que fue coreado, siendo unido por el sonido de la batería con “Esto no es punki”, de su tercer álbum, un corte muy celebrado y en el que hicieron cantar a los que estaban adelante, para continuar con “Cabrón”, de su ópera prima, una pieza a toda velocidad y que sonó muy poderosa. No querían que aquello se enfriará y prosiguieron con “Cóctel Molotov al chivato del balcón”, el tema que cerraba su anterior disco, con Aitor haciendo amago de caerse, tras el que nos saludaron y se presentaron, para que Jokin saliese con un pasamontaña puesto e interpretaran “Fuimos ikastoleros”, de su tercer álbum, una pieza muy cantada y en donde, una vez más, Aitor se acercó a las primeras filas para que les ayudasen con los coros. Unido a la anterior era el momento de “Pasau de rosca”, de su primer disco, un corte interpretado a toda velocidad y que también fue muy celebrado, para que el sonido de una tormenta diese paso a “Tormenta de mierda”, el primer tema que escucharíamos de su actual trabajo, muy rápido, aunque parando brevemente, antes de recuperar la fuerza previa y sonando muy guitarrero, siendo la batería la que lo unió con “Violencia en acción”, de su ópera prima, una pieza muy coreada y con Aitor bajándose a cantar entre el público. |
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De manera cañera se inició “Cómeme la franja de Gaza”, de su cuarto trabajo, un tema muy rápido y en que Jokin se tumbó sobre una tarima para recrear, con Aitor, partes del corte, tras el que buscaron y lograron la interacción de la gente para el comienzo de “Detector de gilipolleces”, de su primer disco, una pieza muy celebrada y que sonó además potente, contando con un acelerado final. Se dieron un nuevo paseo por su más reciente disco con el tema que le da nombre, el brevísimo “Mucho asco (casi) todo”, que fue tocado varias veces, para continuar en esa misma obra con “Pablo Echenique”, un corte tocado a toda velocidad y que fue muy coreado y celebrado, para pasar a preguntarnos como estábamos de material, antes de lanzarse a tocar “Nunca más volverás a aplaudir en un avión”, de su quinto trabajo, una gran pieza, muy rápida y que fue muy cantada, sobre todo ese genial estribillo. Más relajado fue el comienzo de “Se dice Taitánic”, de su actual álbum, aunque luego se convirtió en un tema muy rápido, antes de que una intro diese paso a “Héroes de la clase obrera”, de su tercer trabajo, una pieza que empezó de manera calmada, pero con un sonido machacón y con todos, menos Potxeta, lógicamente, bajando a tocar entre los presentes. Cada uno tenemos un tema con el que nos enganchamos a este grupo y el mío es “Veteranos de la kale borroka”, de su ópera prima, ya con la banda de vuelta a las tablas, con ese sonido tan potente y pegadizo, y en el que Jokin salió con txapela, capucha y demás, haciendo que toda la sala cantase su estribillo y es que es un verdadero himno, tras el que nos dijeron si queríamos más caña, a la vez que vacilaban sobre si actuar o no en el Viña Rock, y nos preguntaban donde había camellos, pasando a tocar “Centro comercial”, de ese mismo disco y que fue una canción muy rápida y celebrada. El sonido de la batería fue el que dio comienzo a “Drogopropulsado”, de su segundo plástico, un tema tocado a toda velocidad y que provocó un pogo gigante, relajándose brevemente, antes de coger rapidez de nuevo, siendo unido con el corte que abría su ópera prima, “Policía sí”, muy breve y directo, para avanzar hasta su disco de hace 9 años con “Húngara chúngara”, que tiene ese inicio bailable similar al de otra pieza de la banda y con la que vacilaron, una canción muy intensa y pegadiza, con ese estribillo tan coreado y en la que Aitor bajó para arengarnos a cantar esa frase tan popular que se repite al final. |
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Ser tomaron un breve respiro, mientras vacilaban sobre el nuevo disco de Rosalía y Aitor se ponía la camiseta de la selección española de fútbol, lo cual solo podía significar que llegaba “Gora España”, de su primer disco, mientras bromeaban sobre si en Cantabria éramos más o menos fachas y diciendo eso de Nacho Cano askatu, un tema que fue iniciado con el grito de gol, muy rápido y celebrado, y en el que pararon para que Aitor se metiese en medio de un wall of death. Unido con éste llegaba “Ni sí, ni no, ni todo lo contrario”, de su cuarto trabajo, con Aitor siendo llevado en volandas entre los presentes, un tema muy cañero y del que prolongaron su final, para viajar hasta su disco del 2016, del que enlazaron sus dos últimos cortes, siendo el primero “Urrusolo Sistiaga I”, que tuvo un inicio machacón, el cual fue muy celebrado y pegadizo y contando con esos cambios de intensidad, para continuar con “Urrusolo Sistiaga II: Superhéroe de barrio conflictivo”, una pieza muy potente, de la cual prolongaron su final, con Aitor bajando a hacer cantar a buena parte del público. Con la anterior se fueron del escenario, pero, tras una espera que se me hizo larga, regresando al mismo tocando el inicio del “Seven nation army”, de The White Stripes”, antes de dar pasó a “Sanchista y Jujano”, de su actual disco, un tema muy cañero y rápido, en el que recuperaron ese corte con el que habían regresado, para acabarlo a toda velocidad, y llevarnos a su trabajo de hace 8 años en el que estaba recogida “El 4K se llevó a mi chica”, una gran canción y que la gente celebró con mucho ímpetu. La batería fue la que dio comienzo a “ETA, deja alguna discoteca”, el tema que cerraba su segundo disco y que, como era de esperar, fue muy rápido y celebrado, igual que lo sería “Modo dios”, de su obra del 2016, un corte también iniciado por Potxeta, que sonó muy guitarrero y que, como en dicho plástico, fue seguido por “Modo diosa”, una pieza corta y directa. |
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Nos avisaron de que ya llegaba la última canción, saliendo un enorme oso panda, mientras la gente se preparaba para hacer un enorme círculo, y es que era el turno, lógicamente, de “Oso panda”, de su segundo disco, prolongando su inicio, siendo una pieza muy celebrada y cantada, en la que pararon e hicieron que reanimaban al oso de varias formas, para recuperar el tema y estirar su final. De esta manera, con el himno de la URSS sonando a modo de outro y con las fotos finales de rigor, concluía, tras algo más de hora y media, esta actuación de Lendakaris Muertos, con Aitor poniéndose su característico batín y bajando a saludar a las primeras filas, después de haber dado un gran concierto, buscando mucho la interacción y el contacto con su público. Todos sabemos que un concierto de los navarros se basa en una sucesión de clásicos, tocados a toda velocidad y aderezados por diferentes formas y chascarrillos, pero esta vez estuvieron todavía más ingeniosos y con un mayor acercamiento a sus seguidores, quizás debido a ese parón que se van a tomar y que, esperemos, solamente sea temporal y en poco tiempo retomen la actividad; no te los pierdas, si aún tienes la oportunidad, ya que son historia viva del punk rock estatal. www.lendakaris.com Después de saludar a alguno de los presentes, me fui del Escenario Santander con la sensación de que no iba a ser la última vez que iba disfrutar del directo de los Lendakaris Muertos y que es que se vio a la banda muy motivada y contagiándose de ese ambiente festivo que allí se vivía; sea como sea, muchas gracias al grupo por todos estos años y a la sala por haber contado con ellos para esta gira de despedida provisional. |
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